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Comencé a darle la bienvenida al público que estaba allí para ver Rambleras, en el Festival de Punta del Este, y creo que no pasé del clásico “Buenas noches, es un placer para mí…” que la voz comenzó a resquebrajárseme en forma precipitada. Sentía los ojos húmedos, la garganta apretada y un leve malestar de estómago, pero aun así sabía que tenía una sonrisa de oreja a oreja y, por suerte, luego de hacer una breve pausa recuperé un tono audible. Dije que muchos sabían cuán largo había sido el proceso pero que no iba a hablar de todo el esfuerzo que significa hacer cine por estas latitudes porque en realidad no debe interesar la historia detrás de la película sino la película en sí. Y que tampoco hablaría de lo que iban a ver porque creía que una película tiene que ser recibida por el público así tal cual, sin mayores explicaciones. Presenté a los actores que estaban allí, Vicky, Mario y Nicolás, y a parte del equipo,  Nelson y Sylvia, y comenzó la función.

La sala quedó a oscuras y comenzaron los cortos comerciales que se me hicieron eternos. En los primeros minutos de la peli no pude percibir en el público, bastante numeroso por cierto, nada en particular más que un silencio atento, si es que existe tal cosa, que me dejó un poquitín nerviosa. Es que había aventurado que  al inicio se diera algún momento risible pero no, se hizo esperar. Pero una vez ya instalados los personajes y las bases de sus conflictos la función comenzó a salpicarse de risitas por aquí y por allá, aunque también hubo algunas que me parecieron más de nervios que de otra cosa. Me dio la sensación de que el público la estaba disfrutando, y en ese momento sentí que se me recompensaba, de una de las maneras más lindas, toda la paciencia y perseverancia invertidas durante tanto tiempo. Me acordé de que hace unos meses, en el concierto que dio Buika en la Zitarrosa, me encontré con Diego, el asistente de dirección, y nos pusimos a charlar. Él quería saber cómo estaba y yo muy seria le decía que me preguntaba si valía la pena todo el tiempo y el esfuerzo dedicados. “¡Claro que sí!” decía él, muy entusiasta, mientras yo resoplaba bajito. Es que no me terminaba de convencer. Cuando el último plano fundió a negro, y junto con los créditos comenzaron los aplausos, la respuesta fue evidente: “sí, valió la pena”.

pantalla

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8 pensamientos en “1a. exhibición pública

  1. Bien ahí daniHope !!! Qué ejercicio de paciencia y perseverancia…Tenemos muchas ganas de ver la Rambla en vertical y abrazarte porque te lo merecés vvos y todo el equipete ese. Qué Rambla tenemos, eh? Un beso especial a Diego: los que siguen alrededor y dicen “que no decaiga”. 😀

  2. Daniiiiii!!!! qué alegría!! qué bendición ver que han pasado muchos años desde que me dabas las primeras clases en el aula y aun me seguís enseñando. Sobre la paciencia, perseverancia, el amor a lo que hacemos y sobre todo, la gratitud!. Muchas gracias Dani por tanto aprendizaje y por compartir tu sueño.
    Abrazo gigante, bien apretado y lleno, llenito de emoción.

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