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Daniela Speranza (directora), dentro de la camioneta de rodaje donde va el video-assist, seguramente mirando el monitor. (Foto: Irina Raffo)

Esta ha sido una semana rara, previsiblemente rara. No más despertarse a las seis de la mañana, no más almorzar con veinte personas a una hora preestablecida, no más noches de cinco o seis horas de sueño. Siento falta de la vida dirigida, de que me digan cada treinta minutos qué vamos a estar haciendo a continuación. De pronto el día se me ha hecho eterno y salir de debajo del acolchado es todo un esfuerzo. Pero siento que mi cara ha vuelto a ser mi cara. Poco a poco voy recuperándome de la erosión del cansancio en todo mi cuerpo.
He visto casi todo el material filmado, y si no lo he visto por completo seguro que ha sido por algún tipo de resistencia, porque a disposición lo tengo. Ayer pensaba en eso. Vengo demorando el sentarme a ver los últimos planos que rodamos. Tal vez por que eso sería constatar definitivamente que la película ya se filmó.
En los últimos días varias imágenes del rodaje me han pasado por la cabeza,
como una charla de sobremesa con Claudia, sobre Biodanza, que tanto nos interesa a las dos. Me contó sobre las vivencias que tienen que ver con la despedida, que en el tiempo que llevo yendo a clases creo que no hemos hecho. Y recalcó: “Es importante despedirse. Y saber despedirse”. Me acordé enseguida de mi tío Jorge, que falleció hace años mientras yo estaba en el extranjero. Durante mucho tiempo soñé con él, supongo porque no había tenido oportunidad de despedirme, que es lo que entonces entendí uno hace, entre otras cosas, en los velorios. Por suerte, Claudia se estaba refiriendo algo infinitamente menos triste pero en lo que igual hay que saber despedirse. Faltaban pocas horas para el fin del rodaje.
También he tenido muy presente la fiesta que hicimos el lunes de noche, todos cansados pero con ánimo más que suficiente para comer, brindar y bailar en ronda, sonase Madonna, Abba, Queen o Calle 13; un cierre más que perfecto. De alguna manera la película se había manifestado por completo dos meses antes, durante la preproducción, con actores, y algunos técnicos sentados en ronda, haciendo la lectura del guión. Y el lunes, otra vez apelábamos a la ronda, pero de pie y bailando para celebrar el fin del rodaje. En ronda, empiezan y terminan todas las aulas de Biodanza, también celebrando cada encuentro que siempre es único. Algo así pensé mientras bailaba algún hit de Daddy Yankee. A unos cuantos de los que estaban junto a mí no los volvería a ver durante un buen tiempo. Se embarcarían en otros proyectos, se dedicarían a cuestiones personales. Si bien falta para que se termine Rambleras, el momento mayor participación colectiva estaba llegando a su fin. Había que celebrar y disfrutar de esa última ronda, para luego pasar a despedirse.
Ahora se viene otra etapa, más en solitario, al menos en comparación, en la que tendré que confrontarme a todo el material filmado. Serán otros los miedos y las inseguridades. Pero si los relativos al rodaje quedaron atrás, y de buena manera, porqué no pensar que algo así pueda volver a suceder. En épocas de estudio, en la EICTV, cuando estábamos aprendiendo a montar, material fílmico, en Moviola, bromeábamos con unos compañeros pegando un cartelito en la sala de montaje que decía: “Lo que cámara non da, Moviola non presta”. No tuve que montar mucho para darme cuenta de que, por suerte,  “Moviola presta” y bastante. Tanto hasta que incluso puede surgir otra película. No digo que esa sea mi aspiración, pero igual vengo juntando mucha expectativa ante la etapa que empezará en unos pocos días. Mientras tanto seguiré debajo del acolchado. Este momento también es único.

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3 pensamientos en “Luego del rodaje…

  1. Si bien la película no está pronta. La filmación terminó. Es como tener un hijo ( salvando las diferencia) tuviste el parto y aún no sabes cómo reubicarte en lo que sigue, hasta te diría que debajo del acolchado ese extrañar, saber que no habrá más los mismos tiempos, personas etc..me hace acordar al cambio que tuve cuando nació Manu. No noté la depresión post parto, por lo que ya sabes que ocurrió, tenía otras cosas en que pensar…pero leyéndote se me hizo una imagen tal cual me pasaba en aquéllos momentos…cuando a pesar de todo, al estar mejor Manu pensaba en otro bebe…
    Besos.

    • Gracias por tan lindo comentario, María Adela… Suponía que sería algo parecido pero al no tener la experiencia no me animaba a comparar… Ahora, si vos que sos mamá, madraza!, me lo decís así… seguro que va por ahí… Te mando un abrazo grande, grande!

  2. Sin duda Dani. Pero no te reprimas en decir comentarios a pesar de no tener experiencia de madre biológica por decirlo así. Hay hijos e hijos, y este hija Ramblera, será un orgullo para tí a pesar de que ahora estés en este período de adaptación y de esperar como se acerca el desarrollo…un abrazo enorme!

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