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Patricia (Vicky Rodríguez Cartagena) no logra entender qué fue lo que pasó con su habitación. Foto: Nico Soto.

Patricia (Vicky Rodríguez Cartagena) no logra entender qué fue lo que pasó con su habitación. Foto: Nico Soto.

 

Nos dábamos con Damián un abrazo apretado mientras Yvonne, sonriente, decía: “Che, pero se están despidiendo como si nunca más se fueran ver”. “Te voy a extrañar – me dijo Damián, entre risas – la semana que viene te llamo para charlar”. Yo también me reí. “Muchas gracias por todo” fue lo único que me salió. Le di otro abrazo, más corto, más formal y salí corriendo porque llegaba tarde a buscar a mi mamá y porque me daba cuenta que el momento no me estaba resultando fácil. Fui hasta la calle Buenos Aires y me tomé el primer ómnibus que pasó, un 116. Cuando me senté junto a la ventanilla seguía sintiendo la garganta apretada, mucho. Traté de relajarme recorriendo con la vista la fachada del Teatro Solis pero no hubo caso, seguía emocionada. Se había terminado el montaje de Rambleras. Más de dos meses de largas jornadas compartidas con Damián, trabajando a partir de las preguntas que plantea esta y toda película: ¿qué es lo más importante acá? ¿de qué trata esta escena? ¿qué datos, que hacen avanzar la narración, hay que destacar? ¿cuál es la transacción emocional que tiene que quedar bien clara? ¿en qué punto de la estructura estamos? Por suerte desde un principio, gracias a unos cuantos almuerzos compartidos, pudimos sintonizar y sincronizar, con Damián, en relación a la película que yo quería contar. El resto fue trabajo y más trabajo para intentar lograr eso. El resultado ya se verá.

Estos días volví a pensar en esas imágenes que asocio con los tres momentos en el proceso de una película que inciden directamente en la estructura: guión, rodaje y montaje. El guión, al menos en mi caso, ha sido como el viaje en solitario de un navegante. No digo que di la vuelta al mundo, pero casi. Más de una vez me encontré varada en medio del océano sin saber en qué dirección continuar. Pero más de una vez también di con algún barco amigo que me supo ayudar. En cambio, el rodaje se ha parecido más a una excursión en ómnibus de un mes, en el que no pueden fallar ni la buena comunicación ni las normas de convivencia. Sentí cada nueva locación como un nueva ciudad a la que visitar. El montaje, entonces, ha sido como un viaje en auto por una larga carretera, con tramos en muy buen estado y otros no tanto, y en el que conductor y acompañante intercambian roles de a ratos para hacer el viaje más llevadero. Otras comparaciones que me divierten son pensar en la etapa de guión como un monólogo, la del rodaje como una mezcla de conferencia con asamblea (en realidad, cuando surge la asamblea es señal de que algo anda mal) y el montaje como un diálogo.  A pesar de lo diferentes que son estas tres etapas, me cuesta decidir cuál me gusta más. Cada una tiene sus desafíos particulares pero también su propio sabor. Es raro, pero me pone un poco triste que se haya terminado el montaje (aunque siempre se puede hacer algún que otro ajuste, es verdad, y todavía falta el montaje de sonido y postproducción), raro porque quién no quisiera terminar la película cuánto antes. Pero una vez que Rambleras esté terminada, ya no estará más entre mis brazos. Creo que por eso fue que ya empecé a escribir otro proyecto, para no sentir la tristeza de tener las manos vacías.

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4 pensamientos en “Fin del montaje

  1. Cuando te leo…me nace enseguida el paralelismo del síntoma de NIDO VACIO, que les pasa a las madres cuando sus hijos crecen y se van de su casa, ya no están bajo su protección, su cobijo…echan a volar y dependerá de cómo, cuándo, quién…sean recibidos y como ellos se presenten y se desarrollen ante ellos como les irá..
    Rambleras ya no es una ocupación tuya, que la puedes ir moldeando como arcilla fresca, ahora hay que dejarla volar y recibirás orgullosa las felicitaciones cuando sea vista, y elogiada como ese hijo que supo aprender y al que supimos ( o no) enseñar y se para bien ante la vida.

    Y ahora otro “embarazo”…ya lo veremos crecer…beso enorme.

    • Gracias María Adela! Y siempre termino poniendo lo mismo… “por tan lindo comentario”… Es que son muy lindos, sí, como la linda persona que sos, y llenos de tantas imágenes (lindas también, claro : )
      Besotes!

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