Fuentes web
Entradas
Comentarios

MANOS, BRAZOS Y ABRAZOS

Nos dábamos con Damián un abrazo apretado mientras Yvonne, sonriente, decía: “Che, pero se están despidiendo como si nunca más se fueran ver”. “Te voy a extrañar – me dijo Damián, entre risas – la semana que viene te llamo para charlar”. Yo también me reí. “Muchas gracias por todo” fue lo único que me salió. Le di otro abrazo, más corto, más formal y salí corriendo porque llegaba tarde a buscar a mi mamá y porque me daba cuenta que el momento no me estaba resultando fácil. Fui hasta la calle Buenos Aires y me tomé el primer ómnibus que pasó, un 116. Cuando me senté junto a la ventanilla seguía sintiendo la garganta apretada, mucho. Traté de relajarme recorriendo con la vista la fachada del Teatro Solis pero no hubo caso, seguía emocionada. Se había terminado el montaje de Rambleras. Más de dos meses de largas jornadas compartidas con Damián, trabajando a partir de las preguntas que plantea esta y toda película: ¿qué es lo más importante acá? ¿de qué trata esta escena? ¿qué datos, que hacen avanzar la narración, hay que destacar? ¿cuál es la transacción emocional que tiene que quedar bien clara? ¿en qué punto de la estructura estamos? Por suerte desde un principio, gracias a unos cuantos almuerzos compartidos, pudimos sintonizar y sincronizar, con Damián, en relación a la película que yo quería contar. El resto fue trabajo y más trabajo para intentar lograr eso. El resultado ya se verá.

Estos días volví a pensar en esas imágenes que asocio con los tres momentos en el proceso de una película que inciden directamente en la estructura: guión, rodaje y montaje. El guión, al menos en mi caso, ha sido como el viaje en solitario de un navegante. No digo que di la vuelta al mundo, pero casi. Más de una vez me encontré varada en medio del océano sin saber en qué dirección continuar. Pero más de una vez también di con algún barco amigo que me supo ayudar. En cambio, el rodaje se ha parecido más a una excursión en ómnibus de un mes, en el que no pueden fallar ni la buena comunicación ni las normas de convivencia. Sentí cada nueva locación como un nueva ciudad a la que visitar. El montaje, entonces, ha sido como un viaje en auto por una larga carretera, con tramos en muy buen estado y otros no tanto, y en el que conductor y acompañante intercambian roles de a ratos para hacer el viaje más llevadero. Otras comparaciones que me divierten son pensar en la etapa de guión como un monólogo, la del rodaje como una mezcla de conferencia con asamblea (en realidad, cuando surge la asamblea es señal de que algo anda mal) y el montaje como un diálogo.  A pesar de lo diferentes que son estas tres etapas, me cuesta decidir cuál me gusta más. Cada una tiene sus desafíos particulares pero también su propio sabor. Es raro, pero me pone un poco triste que se haya terminado el montaje (aunque siempre se puede hacer algún que otro ajuste, es verdad, y todavía falta el montaje de sonido y postproducción), raro porque quién no quisiera terminar la película cuánto antes. Pero una vez que Rambleras esté terminada, ya no estará más entre mis brazos. Creo que por eso fue que ya empecé a escribir otro proyecto, para no sentir la tristeza de tener las manos vacías.

ACOLCHADO

Esta ha sido una semana rara, previsiblemente rara. No más despertarse a las seis de la mañana, no más almorzar con veinte personas a una hora preestablecida, no más noches de cinco o seis horas de sueño. Siento falta de la vida dirigida, de que me digan cada treinta minutos qué vamos a estar haciendo a continuación. De pronto el día se me ha hecho eterno y salir de debajo del acolchado es todo un esfuerzo. Pero siento que mi cara ha vuelto a ser mi cara. Poco a poco voy recuperándome de la erosión del cansancio en todo mi cuerpo.
He visto casi todo el material filmado, y si no lo he visto por completo seguro que ha sido por algún tipo de resistencia, porque a disposición lo tengo. Ayer pensaba en eso. Vengo demorando el sentarme a ver los últimos planos que rodamos. Tal vez por que eso sería constatar definitivamente que la película ya se filmó.
En los últimos días varias imágenes del rodaje me han pasado por la cabeza, Continuar leyendo »

PAZ

Eran las ocho de la mañana del domingo y el barrio estaba más que tranquilo. Varios estábamos desayunando de pie, en la vereda, alrededor de una mesita donde estaban los termos con café, agua, jarras con leche y canastitas con bizcochos. En la vereda de enfrente, los eléctricos iban avanzando con las luces. Un inspector de tránsito llegó en su moto y, con cara de pedir indicaciones, dijo: “Este es mi primer día en un rodaje. No sé muy bien qué tengo que hacer”. “Bajate y vení a tomar un café con nosotros” le dijo Mirtha. Y él obedeció. Tal vez fue mi imaginación pero vi en el semblante sonriente del inspector, mientras iba por su vasito térmico, cierta expectativa ante una actividad desconocida e interesante. Pensé que mientras para él era su primer día de rodaje de Rambleras, para nosotros era último. Y se me ocurrió algo que hizo que me sonriera por lo ridículo. Continuar leyendo »

OMNIBUS

Al final de la jornada de hoy estaba despidiéndome de algunos compañeros que todavía estaban hablando en la puerta de la base, que pronto iban a cerrar, cuando Diego me preguntó: “¿Cómo te vas?”. “En ómnibus” le contesté. “No, me refiero a cómo te sentís con respecto al día de hoy” aclaró él. “Ah… bien, no fue maravilloso pero estuvo bien. Fue lo que pudimos hacer”, le dije. O algo por el estilo. Continuar leyendo »

DECONSTRUIR

“Daniela se ha vuelto una directora seria” dijo Maca a media tarde mientras conectaba el video-assist a la cámara por enésima vez. Algo de razón tenía, había estado callada buena parte del día. Decir apenas lo fundamental puede ser hasta algo positivo, pero en mí, en general, es señal de preocupación. Cuando estoy preocupada no digo mucho y como bastante, y el día de hoy no fue la excepción. A eso de las siete y media de la tarde me di por cenada luego de comerme unas cinco tortas fritas al hilo como parte de la merienda. Más que una grosería, un graserío que no logró abatir mi inquietud.
De tarde, en un par de oportunidades, mientras esperaba que otros avanzaran con su trabajo, intenté deconstruir esa preocupación sin mucho éxito. Es verdad que la lluvia nos trajo inconvenientes, que había dormido mal, que si hacía un poco de fuerza podría quejarme de esto o aquello, pero aún así no lograba encontrar la razón fundamental de mi desasosiego.
Cuando me subí al taxi de vuelta a casa fue que me cayó la ficha. Continuar leyendo »

BAILAR

“Por más que sea la última semana, no puedo olvidarme que lo que nos queda por rodar, es tan importante como lo filmado la primera semana”, le comenté a Diego en el taxi mientras íbamos a la locación, por más que hoy fuera día libre, a repasar los planos a filmar mañana. Y nos reímos al unísono. Segundos antes habíamos estado hablando de lo agotados que estamos. Yo le decía: “este cansancio que tengo no se me va con dormir un día catorce horas de un tirón”. Continuar leyendo »

HABLAR

Se terminó la cuarta semana. Una semana nocturna y en exteriores. Con viento, con frío. Con rodaje suspendido por lluvia y también con jornada y media de trabajo para compensar el atraso. Con algún malentendido y comentario inoportuno. Con necesidad de respirar profundo y no perder de vista lo fundamental, que en sí no es la película, ni la historia a contar, sino las buenas relaciones entre las personas. Hablando se entiende la gente, dice el dicho popular. Y es verdad. Por suerte.

DETRAS DE CAMARA

Entradas antiguas »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.